viernes, 13 de febrero de 2026

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jueves, 5 de julio de 2018

CUENTO PERTENECIENTE AL LIBRO "CUENTOS DE MONTAÑA ERRANTE"

FRAGMENTO


El secreto de Alhucema
El anciano permanecía cruzado de brazos observando el aguacero que se descargaba contra el cristal de la vidriera. Hacía tres meses que su tienda no recibía ningún visitante. Ya ni ganas tenía de encender las luces. Permanecía en penumbra. El gato ronroneaba trepado al último estante de madera de la librería. Algo había sucedido en el pueblo que impedía que se editaran libros nuevos. El último había recibido un año atrás. Eran poesías para niños: “Nanas para dar nono al nene” de Emérito González. Luego de esa publicación nadie más había escrito nada. ¿Nadie? Tal cual. Nadie. Parecía que las mentes se habían secado. La imaginación se había cegado. Las palabras se habían rasgado. Las ideas nuevas habían volado. Todos en el pueblo tenían los libros que querían tener. No había novedades. Y la música del agua golpeteando contra techos, ventanas y los adoquines de la calzada hacía danzar las nubes al son del viento. Se sirvió un mate. El olor de la yerba mezclado al aroma del papel viejo y las maderas adormecieron al micifuz.

Mientras esto sucedía en el pueblo, a pocos kilómetros de allí, Candelaria trabajaba en su granja intentando salvar sus pocas posesiones. El agua caía salvaje. Con una mano la muchacha separaba los cabellos empapados y con la otra lidiaba con las gallinas, la pareja de cerdos y la vaca Alhucema. Sobre el horizonte se levantaba una amenazante nube. Era oscura como la piel de un lobo marino. Venía rasante y rápida como un halcón en pos de su presa. Candelaria tuvo tiempo suficiente para encerrar a los animales y guarecerse ella misma dentro de la casa. Cerró los viejos postigos, encendió una vela y se quedó tiesa sentada a la mesa mirando la puerta de acceso. Temía lo peor. El viento llegó. Fue un vendaval. La casa crujía y se quejaba como una anciana achacosa. Afuera parecía que un avión sobrevolaba constantemente la granja. Era el rugido del aire en torbellino. Apenas duró unos minutos pero a Candelaria le pareció una vida. Su perro indiferente, se había acostado a sus pies y ella lo acariciaba sin ser consciente de lo que hacía. Cuando lo peor pasó, la muchacha abrió tímidamente el postigo de la ventana del frente. Árboles caídos, ramas desperdigadas, chapas de no se sabe dónde, en fin, una maraña de objetos entreverados por cualquier lado.

Candelaria corrió hasta el establo a reconocer a su querida Alhucema. Al abrir el portal la vaca mugió impasible. Salió lenta a continuar su única tarea: comer. En el corral, una parte del techo se había desmoronado, pero las gallinas se habían salvado todas. La familia de cerdos asustada no salía de su pocilga.

La joven levantó las ramas que pudo, juntó los baldes y otras herramientas desperdigadas por el lugar y se aprestó a ingresar a su casa cuando la descubrió. Levantó la vista por encima del techo, abrió la boca y así permaneció durante unos instantes. La sorpresa la inmovilizaba. Una montaña, una extraña montaña se levantaba detrás de su hogar. Un montículo que minutos atrás no estaba allí.

No era una montaña propiamente. Otra persona podría haberla calificado como una colina pues diez metros no es gran cosa. Pero para Candelaria que nunca había visto nada igual y mucho menos en el fondo de su granja, era un portento de majestuosidad. ¿De dónde había salido? ¿Cómo estaba allí? ¿Quién la colocó en ese lugar? ¿Y ahora qué hago? Se preguntó cuando pudo pensar.

La joven necesitaba verla de cerca. Tenía la forma de un cono. Cuanto más se acercaba más curiosa la encontraba. No parecía estar formada de rocas. Ni siguiera de tierra. ¿O sí? En todo caso no tenía vegetación alguna. Desde donde estaba se veía oscura, tenebrosa.

El perro Remo iba delante moviendo la cola. Al llegar al pie, Candelaria levantó la vista hacia la cumbre. Como el sol se asomó entre las nubes se formó un arco iris y justo justo parecía surgir desde la punta de la montaña. La muchacha extendió su mano y tomó un puñado de la tierra pelada que la formaba. Se resbaló de entre sus dedos y cayó al suelo. Era un entramado oscuro como si estuviera formado por ramitas secas. Negras. Minúsculas.

Candelaria se rascó la cabeza. Remo levantó la pata contra la montaña e hizo lo que todo perro que se precie de tal debe hacer para marcar territorio. Desde ahora la montaña sería suya.

En ese momento se escucharon voces cerca de la casa. En el pueblo ya todo el mundo sabía que en la granja de Candelaria había crecido una montaña. ¿Crecido? Las teorías que se tejieron al respecto fueron muchas. La que recogió más adhesiones fue la del comisario: La tormenta la trajo consigo.

Ese día Candelaria no estuvo sola como siempre. El pueblo completo la visitó. Cada vecino tomó entre sus manos esas extrañas “ramitas” que resbalaban de sus manos. Pero como suele ocurrir, fue la novedad de unos días y nada más. Luego, cada uno siguió con su tarea habitual.

La mañana del día siguiente Candelaria soltó a su vaca del establo. Continuó con sus tareas sin prestarle atención a Alhucema que muy campante rumbeó para la misteriosa montaña. Cuando ella cayó en la cuenta, el animal estaba muy goloso arrancando pedazos de la montaña.
-¡Alhucema! ¿Qué estás haciendo? ¿Cómo vas a comer la montaña?- gritó mientras corría a su encuentro.
La vaca la miró como miran las vacas con un poco de estrabismo, giró la cabeza y volvió a su tarea. Arrancaba las ramitas como si fueran su pasto preferido. La larga lengua de Alhucema lamía primero y cortaba después. Así estuvo un rato hasta que regresó a pastar y rumiar en la tierra.
En el trajín de su trabajo Candelaria olvidó el suceso. Pero notó que cada vez más Alhucema prefería comer montaña que comer pasto. Y el hecho trajo consecuencias.

Desde siempre, ordeñaba a la vaca y vendía el magro producto a los vecinos de la zona. Con las ganancias compraba lo que su granja no le daba. Sin embargo notó que esos días Alhucema estaba muy prolífica. Duplicó el rendimiento de leche y no sólo eso. Sus clientes le decían que el sabor era especial. Unos le comentaron que sabía a vainilla. Otros a limón. Algunos hasta sugirieron chocolate. Cada vez más los habitantes del pueblo empezaron a comprarle la leche a Candelaria. Y Alhucema no dejaba de producir cada vez más. Lo extraño era que cada cliente decía sentir un sabor diferente. Una niña le comentó que para ella la leche tenía gusto a caramelo y para su hermano a banana.

Ese no fue el único fenómeno extraño que ocurrió luego de la llegada de la montaña. El más extraordinario fue lo sucedido en el comportamiento de quienes tomaban la leche de la vaca que comía montaña.
...







FRAGMENTO DE "lAS CARTAS DE VÍCTOR"

CARTA 1

... 
Querida hermanita:

Este es el comienzo de la historia que estoy escribiendo para vos. Espero que te guste y en próximas cartas la continuaré.

Con papá te extrañamos una cantidad, pero como mamá te dijo, acá en el campo no podías curarte. Allá en Montevideo también hay médicos que saben mucho y en el hospital te cuidarán para que pronto puedas regresar.

Cuando el patrón te llevó en su camioneta hasta la ruta, yo sabía que ibas a estar un tiempo en la capital. No te preocupes; nos mantendremos comunicados a través de las cartas. Como tu ceibalita esta averiada y no hubo tiempo de enviarla a reparar, el maestro me dio la idea de escribirte cartas con papel y lapicera. También dijo que era una buena forma de que vos practiques la escritura. Mamá le contó a papá que frente a la pensión donde están viviendo hay una agencia de correos así ella podrá llevar tus cartas. Y no rezongues porque mamá no te deje utilizar el celular. Sabés que es caro y sólo papá y ella pueden usarlos. ¿No te parece divertido poder escribirnos cartas? Antes era la única manera de comunicarse. Además podés mandarme dibujos que, como vos sabés, siempre me gustan.

Tus amigas de la escuela te envían muchos cariños: Aitana, Ainoa, Ariane y Almudena. El maestro me pidió que te escribiera sus saludos. ¡No sabés el susto que me llevé cuando el otro día me dijo que antes de regresar a casa quería hablar conmigo! ¡Y era para mandarte sus recuerdos! Yo creí que había descubierto que fui yo quien cambió las tizas blancas por las de colores y se ensució toda la túnica.

En la estancia las cosas andan como siempre y acá en casa la oveja aún no ha parido aunque papá dice que en cualquier momento nacerá el corderito. Siento que vos no lo vas a ver recién nacido. No te preocupes; te mandaré un dibujo y además quizás vuelvas para verlo aún mamando.

Bombón te extraña mucho y Chucito también. Los dos se pasan acostados mirando la portera esperando que vuelvas de la escuela. Yo les expliqué que estás en la capital para curarte y que mamá te acompaña. Ellos me mueven la cola, se dan media vuelta y vuelven a la espera.

Escribime pronto y decime si te gusta la historia que estoy inventando para vos.

Con todo tu cariño, tu hermano que te quiere mucho:

Víctor...

domingo, 27 de mayo de 2018

Libro galardonado con el Segundo Premio MEC publicado en Mayo de 2018


Entrega del premio al Segundo lugar en la categoría inédito
 Literatura infantil y juvenil del PREMIO NACIONAL DE LITERATURA (MEC) 

Diciembre 2017 


sábado, 25 de octubre de 2014

Capítulo 29
-Era un día de junio. Habíamos recalado en la ciudad de Santiago de Cuba. Nuestra nave estaba averiada y el puerto dispone de un excelente carenero para efectuar las reparaciones.
-¿Dónde queda esa ciudad?
-Señorita Dolores, la ciudad de Santiago de Cuba es una bellísima población ubicada en el sur de la Isla de Cuba, en las Antillas Españolas. Se encuentra emplazada a orillas del Caribe, al pie de una colina caliza en forma de anfiteatro. Su faro domina toda la bahía, y deberíais ver cuán hermosa riela la luna llena en las noches cálidas del Caribe.
-¿Cómo sabe tanto?
-Es que siendo yo un jovencito viví una año y medio en Santiago y me desempeñaba como guía de los viajeros que recién llegaban al lugar.
-¿Iremos a Santiago de Cuba?- quiso saber entusiasmada María.
-Me temo que no en esta ocasión.
-Continúe - instó la tímida Lucía.
-Cuando viví en la ciudad hice muchos amigos que suelo visitar cada vez que paso. En esa ocasión debía comprar un obsequio para mi novia.
-¡Cuéntenos! ¿Era hermosa?
-No tanto como ustedes - dijo con galantería Manolo- pero sí, era bonita. Mi interés era comprarle unos pendientes de coral para que combinaran con el carmín de sus labios.
-¡Qué romántico! - interrumpió Lucía suspirando y sus amas la miraron extrañadas.
El contramaestre continuó:
-Hay un comerciante muy conocido en Santiago, Ismael Lipman. Hacía mucho tiempo que estaba instalado en la isla y su tienda se halla muy cerca del puerto. Debo deciros que es un hombre muy poco agraciado. Tendrá unos sesenta o sesenta y cinco años. Es achaparrado, calvo y bastante rollizo. Semeja una tortuga porque sin cuello, su cabeza está pegada al cuerpo. Tiene una nariz enorme y los ojos chiquitos están perdidos entre sonrosadas mejillas.
-¡Se parece al tío Enrique! - soltó Dolores.
-¡Calláte y permití que maese Ferreira continúe! - rezongó María entusiasmada.
-Cuando llegué a la tienda del señor Lipman le manifesté mi deseo de adquirir unos pendientes como les describí. El hombre inmediatamente me ofreció varios ejemplares para que yo escogiera. En ese momento entró una siniestra figura colocó sobre el mostrador dos candelabros que llevaba bajo su capa. El señor Ismael le recriminó: «¡No seas imprudente Misha! ¡Guarda esto en nuestra sala! Yo ya voy.» Recuerden esta escena.
-Uno de mis amigos santiaguinos es un guapo mozo llamado Antonio. Joven, muy inteligente y flojo para el trabajo; se le ha metido en la sesera que quiere ser abogado. ¡Lo que hacen algunos para no trabajar! Cuando lo fui a visitar noté que estaba muy triste y le pregunté la causa de ello luego de un rato de charlar con él en una posada a orillas del mar.
-¿Qué le sucedía a su amigo? - preguntó curiosa Dolores.
-Antonio me contó que estaba enamorado de Joaquina, la hija de un importante terrateniente de Santiago.
-¿Y ella le correspondía?
-Antonio adoraba a Joaquina y Joaquina no vivía más que para Antonio. Todo hubiera sido maravilloso si el padre de la muchacha no se hubiera entrometido.
-¡Escuchá bien lo que Manolo nos cuenta! - protestó María.
-¡¡¡Shhhhhh!!! - la callaron las otras dos.
-El padre de Joaquina, que tenía plantaciones de cacao, café, tabaco y bananas en toda la región, había dado una fiesta recientemente. Su casa es una de las mansiones más lujosas de Santiago. Y Don Saverio no perdía oportunidad de hacer ostentación de sus riquezas. Para esa oportunidad reunió todo los elementos de plata que encontró en sus múltiples viviendas, pero le parecía poco. Concurrió al comercio de su amigo Ismael Lipman y compró varios adornos del noble metal. Cuando descubrió en un rincón del local dos candelabros de plata sus ojos brillaron codiciosos. «-¿Cuánto pide por estos candelabros?», preguntó. «-Esos no se venden». El señor Lipman continuó: «-son un recuerdo de familia que no puedo vender.» Por más que Don Saverio insistió, el otro no cedió.
-¿Eran los que usted vio?
-¡Adorable criatura! ¡Además de bella presta atención!
María cubrió su rostro con el abanico mientras Manolo continuó.
-Eran los mismos candelabros que aquél empleado exhibió cuando fui a comprar los pendientes. Luego me enteré que no eran unos candelabros cualquiera. Eran obra de un famoso orfebre florentino, Benvenuto Cellini, que vivió en Europa durante el Renacimiento por el 1500.
-¿Eran bonitos?
-¿Qué si eran bonitos? Eran la más delicada pieza de orfebrería que ojo alguno haya podido contemplar sobre esta tierra. Eran de reluciente plata, representaban a Eros y Tanatos sosteniendo cada uno dos portavelas. Pero además de ser unas exquisitas piezas escultóricas cada uno de los personajes llevaban entre sus brazos un ramillete de flores. Eros de rosas y Tanatos de margaritas. Las rosas eran trece pequeños rubíes y las margaritas quince topacios.
El señor Saverio llegó a un acuerdo con maese Ismael: los llevaría en préstamo para que los luciera el día de su aniversario. Todos aquellos que concurrieron a la fiesta no dejaron de alabar la sofisticación y riqueza de los candelabros.
El padre de Joaquina estaba radiante de orgullo. Pero le duró poco. A la mañana siguiente el señor Saverio se levantó y dirigiéndose a la sala donde se encontraban las dichosas obras de arte se encontró con que no estaban. Habían sido robadas.
-¿¡Robadas!?
-¡Se habían evaporado! Saverio no quería que nadie se enterara pues había dicho a todas sus amistades que eran de su propiedad...

jueves, 12 de junio de 2014

¿Qué es un corsario?

Buque de propiedad particular armado con autorización del gobierno de la nación cuya bandera enarbola, para detener y apresar los buques enemigos. 

Se llama corsario también a quien en caso de guerra entre dos estados, se dedica, con autorización de uno de estos (llamada carta de marca o patente de corso) a perseguir y capturar los barcos mercantes del otro estado. 

Los orígenes de los corsarios se remonta a la Edad Media, cuando en virtud del denominado "derecho de puño" los particulares apresaban los buques mercantes enemigos. Más tarde, los Estados se aprovecharon de esta estratagema, exigiendo la Carta de marca para que los corsarios no fueran considerados piratas y reglamentando las condiciones del corso. 

El gobierno que hacía una declaración de guerra, publicaba que expediría patentes de corso a sus súbditos o a los neutrales que quisieran perseguir al enemigo en el mar. Los corsarios estaban obligados a prestar fianza, para responder de las indemnizaciones que tuviera que pagar el Estado autorizante por los apresamientos injustos, además de estar sometidos en cuanto a la captura y visitas de los barcos a ciertas condiciones y formalidades. El navío capturado por un corsario era conducido a uno de los puertos del Estado autorizante, en el cual se examinaba la legalidad de la presa. Los beneficios materiales que obtenían los corsarios hicieron que se solicitasen numerosas cartas de marca y que en los siglos XVII y XVIII se formasen asociaciones de capitalistas para explotar el corso. 

Enciclopedia Universal ilustrada Europeo-americana. Vol. XV, Ed. Espasa


¿Quiénes eran los corsarios de Artigas?

Artigas, además de un hombre de acción, era un genial estratega y ante el avance portugués utilizó una antigua técnica que fue de gran éxito para sus fines. Los patriotas orientales no contaban con una flota que pudiera hacer frente a la que poseía el reino de Portugal. Entonces recurrirá a la expedición de patentes de corso para oponerse a españoles y portugueses. El corsario era un particular que armaba un barco, obtenía la patente de corso y podía atacar a los buques enemigos obteniendo beneficios personales y a la vez afectando la economía del enemigo. Existía un reglamento al que atenerse y tribunales de presa ubicados en diferentes lugares de América verificaban que se tratara de una “buena presa”, o sea que cumplieran las reglas establecidas. El gran éxito de esta campaña se aprecia en la urgente necesidad de Portugal de intentar que Estados Unidos prohibiera el armado de los corsarios.
NUEVO LIBRO: 
El corsario: una historia de amor
Por Viviana Bordón y Susana Bermúdez




El viaje de María Rodríguez Sáenz a Montevideo podría haber sido lo peor que le pasara en la vida, la casarían con un patricio al que no conocía. Pero antes debía viajar hasta Río, y en mitad de la jornada, cayó prisionera de un fiero corsario revolucionario: George Williamson, poderoso como un potro oriental y bronceado por el sol de mil mares. Hasta ahora el marino inglés solo había conocido el mar y la revolución, el secreto y la batalla, pero su encuentro con María será una tempestad que pondrá a prueba la fuerza de sus brazos y el ingenio de su mente. Los dos chocarán una y otra vez, escondiendo sus verdaderos sentimientos hasta que sea demasiado tarde y los amantes tengan que enfrentarse a la muerte y al oscuro corazón de los hombres. Romance y aventura se unen en El corsario, que trae a la luz la fuerza del deseo y el precio del orgullo.



sábado, 24 de noviembre de 2012

¿Quién era Francisco Javier de Elío?


Francisco Javier de Elío en nuestra historia

Durante las Invasiones Inglesas a principios de junio de 1806, los británicos se apoderaron de la ciudad de Buenos Aires, ciudad indefensa, a diferencia de Montevideo que era plaza fuerte.

Al mando del comodoro Sir Home Popham desembarcaron en Quilmes y marcharon sobre la capital de Virreinato.

El Virrey, Marqués de Sobremonte, no pudo organizar la defensa y el 27 de junio los ingleses entran en la ciudad de Buenos Aires que se entrega sin resistencia.

Los montevideanos dejaron de lado rivalidades pasadas y deseaban expulsar a los ingleses de estos lares, arrastrando al gobernador (Ruiz Huidobro) y al Cabildo a emprender la reconquista.

El ejército estaba formado por 1400 hombres pronto para marchar al mando del mismo gobernador cuando se les presentó en busca de auxilios el capitán de navío Santiago Liniers  Bremont.

Liniers era un oficial francés al servicio de España que había programado desde la vecina orilla solicitar ayuda a los montevideanos. ¡Cuál no sería su sorpresa cuando llegó a esta ciudad y se encontró ya con todo un ejército organizado y listo para emprender la marcha!

Inmediatamente Liniers tomó el mando de la expedición la cual fue exitosa. Finalmente los ingleses fueron expulsados de la capital del virreinato.

El pueblo de Buenos Aires clamaba a gritos que se confiara el poder a Liniers y una asamblea compuesta por el obispo y magistrados civiles accedió al deseo popular.

En una segunda etapa, el comandante Pópham atacó la plaza de Montevideo pero no logrando tomarla se dirigió a Maldonado que cayó en sus manos. Desde allí los ingleses deciden nuevamente tomar Montevideo y hacia ella se dirigen logrando vencerla.

En mayo de 1807 las milicias inglesas deciden reconquistar Buenos Aires y avanzan sobre esa ciudad no logrando el éxito. Debieron capitular comprometiéndose a salir de Buenos Aires ese mismo día y de Montevideo a los dos meses.

El 9 de setiembre al mediodía las tropas británicas abandonan nuestra ciudad y ese mismo día a las dos de la tarde, tomaba posesión de la Plaza un destacamento español al mando del coronel Francisco Javier de Elío, nombrado por Liniers Gobernador interino. Mientras tanto Liniers fue confirmado por el rey de España Carlos IV con el título de Virrey del Río de la Plata.

Durante el tiempo en que Elío fue gobernador, en España sucedió un hecho que iba a tener consecuencias en toda América y también en nuestra patria: España fue invadida por Napoléon Bonaparte (francés).

Al tener noticias de esta invasión, el Cabildo de Montevideo juró fidelidad a Fernando VII (rey de España en ese momento) y “declaró la guerra a Napoleón”. Como Liniers era francés, Elío le invitó a renunciar, calificándolo de sospechoso. El Virrey, ordenó la sustitución de Elío enviando al Capitán de navío Juan A. Michelena en su lugar.

Michelena desembarcó en Montevideo el 20 de setiembre de 1808 para hacerse reconocer como gobernador, pero el pueblo y el Cabildo no lo aceptaron y desacataron la orden del virrey.

Michelena tuvo que huir ante la actitud amenazadora del pueblo, que a gritos pedía a Elío como gobernador como asimismo la convocatoria a un Cabildo abierto.

El 21 de setiembre se reunió la asamblea popular con la cual se consagró la separación entre Montevideo y Buenos Aires con la creación de una Junta de Gobierno presidida por Elío.

BIBLIOGRAFÍA:

- Compendio de Historia Nacional.- Eduardo Thomas

lunes, 5 de noviembre de 2012

Obras de Juan Manuel Blanes: como documentalista

OBRAS DE JUAN MANUEL BLANES

BLANES DOCUMENTALISTA



El episodio de la Fiebre amarilla

Pintó primero una versión uruguaya. La que pintara para Argentina fue expuesta en el foyer del Teatro Colón y tuvo una repercusión enorme con multitudes que hacían cola para verla.

La escena transcurre en una habitación sin luz. La que hay procede de afuera e ilumina sesgadamente el cuadro. En el medio de la puerta, de espaldas a la calle, enfrentados a la pobre mujer que está tirada en el suelo, están los doctores en leyes José Roque Pérez y Manuel Argerich. El primero presidió la Comisión Popular de Salubridad, especialmente formada en Argentina para enfrentar una región atacada con frecuencia por las pestes que venían a bordo de los barcos que provenían de Europa. La muerta – Blanes se inspiró en foto salida en los periódicos – era una italiana de nombre Ana Bristiani.

El cuadro de encuentra en el Museo Nacional de Artes Visuales de Montevideo.

 Bibliografía:

-          Gran enciclopedia del Uruguay v. 1 .- El Observador
-          Arte uruguayo de los maestros a nuestros días : Blanes.- El País


Obras de Juan Manuel Blanes: Obras Épicas

OBRAS DE JUAN MANUEL BLANES

OBRAS DE LA HISTORIA NACIONAL



 El juramento de los Treinta y Tres Orientales
Es un cuadro que no refleja exactamente la realidad. Los orientales llegaron en lanchones. El río estaba agitado, el viaje fue largo y el grupo llegó fatigado y con la ropa mojada y manchada de barro. Sin embargo en el cuadro de Blanes, los personajes aparecen limpios, relucientes. Un haz de luz ilumina las figuras centrales de Lavalleja y de Oribe.



Retrato de José Artigas en la Ciudadela

El héroe careció de rostro conocido hasta que Blanes resolvió individualizarlo. No existían datos físicos sobre su fisonomía.
El Senado de la Republica le encargó en 1884 el retrato oficial de Artigas. Se le pedía al mejor retratista del país que dotara de fisonomía reconocible al héroe nacional. La única imagen que existía era una pintura de Artigas ya nonagenario que le hicieran cuando ya estaba recluido en Paraguay.

Blanes pintó varios retratos del prócer antes de llegar a la efigie que hoy conocemos. El país entero aceptó al hombre fornido, cuarentón, fuerte y sereno que no posaba como un militar aunque usara uniforme de campaña. Es un uniforme a la uruguaya y a lo Artigas, sin galones, botones dorados (los perfiles son de bronce) ni armas que intimiden. Otros héroes fueron retratados con el lujo de sus cargos, acompañados del eterno sable. Artigas usa poncho, traje azul violáceo con manga y ribetes rojos.  Se nota orgulloso del poncho criollo y el sombrero que de tener alas un poco menos anchas, bien lo podría haber usado un gaucho. Lo ubica en la Ciudadela, flanqueado por anchas columnas. El hombre adorado pr la gente de campo es sin embargo retratado en la ciudad, en un monumento urbano.

Bibliografía:

-          Gran enciclopedia del Uruguay v. 1 .- El Observador
-          Arte uruguayo de los maestros a nuestros días : Blanes.- El País


Obra de Juan Manuel Blanes: Retrato de Carlota Ferreira

OBRA DE JUAN MANUEL BLANES:
Retrato de Doña Carlota



En 1866 pintó a Carlota Ferreira, su retrato más célebre. Las dos veces viuda y exuberante Carlota mantuvo un romance con el pintor y otro con su hijo Nicanor, lo que derivó en un drama familiar.

Las mujeres, en general, se retrataban vestidas de negro con una extrema sobriedad. Con Carlota Ferreira cambió el esquema: lo que subrayó fue la provocación. Respecto a sus kilos de más, la crítica de arte Margherita Sarfati sostenía que no era lo que más molestaba a la sociedad de la época puesto que estaba más o menos dentro del promedio femenino del siglo XIX. Lo que causó impacto y bastante incomprensión fue el desparpajo y la falta de pudor con que exhibía sus robustos brazos, la presencia de un escote menor pero harto sugerente, los ojos muy fijos que miran al espectador , el lujoso fondo de raso y el regodeo de creerse apetecible. El ramillete de rosas en el pecho, los guantes blancos, el cerquillo muy francés, las alhajas, el vestido ceñido de brocato y la insistencia en los cosméticos hablan de una femineidad tan a la vista que confundía la pacatería de la época. Hablaba a gritos de una intimidad entre pintor y modelo que fue mucho más lejos que la desinhibición en el retrato.

Blanes conoció a Carlota cuando ésta le encargara un retrato de Regunaga, su recién fallecido marido. La señora tenía un corazón débil y se acercó demasiado al pintor y a su hijo Nicanor. Carlota se casó con Nicanor (hijo de Juan Manuel) y el matrimonio duró seis meses. El marido desapareció en Europa.

El cuadro de encuentra en el Museo Nacional de Artes Visuales de Montevideo
www.mnav.gub.uy

BIBLIOGRAFÍA:

-          Gran enciclopedia del Uruguay v. 1 .- El Observador
-          Arte uruguayo de los maestros a nuestros días : Blanes.- El País

Obras de Juan Manuel Blanes: Retratos

OBRAS DE JUAN MANUEL BLANES:

LOS RETRATOS

Fue su principal fuente de ingresos desde 1850. Documentó en sus obras a muchas autoridades de la época, a celebridades vecinas, familiares, amigos y clientes. Sólo en la exposición realizada en el año 1941 en el Teatro Solís, figuraron cien retratos de su autoría.

 Dentro de los más conocidos: Artigas, Oribe, Gral Flores, Urquiza, los coroneles César Díaz, Latorre, Santos, Leandro Gómez, los Reyles, Besnes e Irigoyen, Ramón de Santiago, José María Delgado, de su esposa María Lipari, y de su madre.

La Revista de 1855.




Latorre no buscó ser retratado, incluso se negó. El Santos quiso se retratado. Blanes lo pintó a caballo. Con el título de La Revista de 1885 lo representó en medio de una parada militar donde aparecen, con los respectivos uniformes sus principales jefes militares. Como fondo, como si hubiera existido un error histórico, ubica un artigas, una estatua dedicada al prócer máximo que nada tiene que ver con la actual de Zanelli, aunque lo parezca, levantada después.

Retrato de su madre


Respecto a este retrato, Gabriel Peluffo se refiere a la “envoltura penumbrosa de la luz, concentrada en el rostro y las manos”.

Bibliografía:


-          Gran enciclopedia del Uruguay v. 1 .- El Observador

-          Arte uruguayo de los maestros a nuestros días : Blanes.- El País
 

Obras de Juan Manuel Blanes: Los Gauchos


OBRAS DE JUAN MANUEL BLANES:


LOS GAUCHOS

Juan Manuel Blanes captó el espíritu libertario del gaucho.

 Si bien el gaucho era un hombre de acción, el pintor lo retrató en poses estáticas. Cuando el gaucho se ocupaba de sus tareas, Blanes documentaba sus hábitos y su costado costumbrista.

Lo pinta en el campo, su lugar natural, con amplios espacios y horizontes despejados, cielos nacarados y atardeceres crepusculares. Aprovecha en sus pinturas la fuerte luz americana, deslumbrante enceguecedora, de gran impacto visual (Ángel Kalenberg: Juan Manuel Blanes, La nación independiente 1830-1991)

Los tres chiripaes



El hombre de la izquierda, viste ropa casi ciudadana, aunque porta un chiripá. Lo recibe la algarabía de los perros. Blanes lo pintó en Europa. Es el gaucho más moderno de los tres y el menos atado a las antiguas tradiciones. 

Lo pintó en diferentes momentos. El más antiguo es el último a la derecha, el del chiripá rojo. En todos ellos se nota la atención que ponía el gaucho en su vestimenta.

Aurora



El nombre de aurora es sinónimo de amanecer. Blanes retrata a este hombre de espalda, apoyado en el palenque. La falta de rostro imposibilita identificarlo racialmente y parece estar en actitud de espera.  

Bibliografía:


-          Gran enciclopedia del Uruguay v. 1 .- El Observador

-          Arte uruguayo de los maestros a nuestros días : Blanes.- El País
 


Juan Manuel Blanes: Biografía





JUAN MANUEL BLANES
BIOGRAFÍA


Nació en Montevideo en 1830 y falleció en Pisa (Italia) en 1901

Fue el tercero de tres hijos. (El mayor se llamaba Gregorio y el menor Mauricio) Sus padres eran el español Pedro Blanes Mendoza y su madre la santafesina Isabel Chilavert Piedrabuena.

Por razones económicas se vio obligado a abandonar la escuela a los 11 años para trabajar en un almacén.

De niño ya puso de manifiesto condiciones para el dibujo.

Trabajó como tipógrafo de un diario del Cerrito durante la Guerra Grande.

Autodidacto en sus inicios, comenzó a pintar en Montevideo.

En 1855 se radicó en Salto, donde realizó retratos por encargo y dictó clases de pintura en el Colegio de las Humanidades.

Trasladado a Entre Ríos, dos años después, pasó a residir en Concepción del Uruguay.


Autorretrato

Convocado por Justo José de Urquiza, decoró el Palacio de San José con ocho cuadros de las victorias militares del presidente argentino.

Regresó a Montevideo durante la epidemia de fiebre amarilla que habría de dar motivo a uno de sus más célebres cuadros.

En 1860 viajó a París y Florencia con su esposa y sus dos hijos, gracias a una beca dispuesta por ley.

En la Academia de Florencia concurrió a los cursos del Maestro Antonio Ciserio. De regreso a Uruguay en 1864, se convirtió en un artista de prestigio.

Viajó a Italia dos veces más y falleciendo en Pisa en el año 1901.


Bibliografía:

-          Gran enciclopedia del Uruguay v. 1 .- El Observador
-          Arte uruguayo de los maestros a nuestros días : Blanes.- El País
 

jueves, 25 de octubre de 2012

Biografía de Viviana


Mi nombre completo es Viviana Andrea Bordón Martínez, pero mucha gente me llama Vivi. Nací en Montevideo en mayo de 1960. Siempre viví en esta ciudad, pero como tengo todos mis familiares en Nueva Helvecia (Departamento de Colonia, Uruguay) en vacaciones siempre voy a esta ciudad. 

Nací en el barrio la Blanqueada, cuatro años viví en el barrio Cerrito de la Victoria y hace más de cuarenta que vivo en el Cordón. 

De niña me gustaba mucho jugar. No tengo hermanos, pero tenía muchos amigos. Jugábamos a la "Mancha", a las "Esquinitas", a la "Escondida" y por supuesto hacíamos rondas. Sobre todo en la escuela: la "Rueda rueda", la "Farolera", y muchas otras que no me acuerdo. También me encantaba jugar con muñecas de papel a las que les cambiaba la ropa (también de papel) según si en mi imaginación salían de paseo o iban a la escuela. 

Soy muy curiosa. Siempre me gustó aprender cosas nuevas y estudiar, por eso me recibí de abogada y de bibliotecóloga. Desde el año 1990 trabajo en la biblioteca liceal y escolar de un colegio de Montevideo. ¡Me encanta mi trabajo!

Te cuento que me gustan muchas cosas: el helado de ananá, mirar películas (me encantan las de aventuras), hacer gimnasia (hace casi cincuenta años soy socia de un club deportivo), jugar con la perrita Peki, realizar paseos virtuales con el "Street View" de Google Maps, escuchar a la gente (porque siempre se aprende algo nuevo) y por supuesto ¡adoro leer! Tengo muchos autores que me encantan pero mi favorito es Julio Verne,

Disfruto mucho escribir. Empecé a hacerlo cuando ya era grande. Siempre lo hice por diversión (escribía porque disfrutaba hacerlo) Es muy entretenido jugar con la imaginación y ser dueña de crear lo que tu cabecita te indique; prueba hacerlo ¡es genial! 

En el año 2011 me enteré que la Editorial Fin de Siglo organizaba un concurso de narrativa para niños y me presenté con una novela con la que gané el primer premio; "Gastón y las tres llaves de oro". ¿Te imaginás mi emoción? Antes había ganado una mención especial en un concurso organizado por el diario de Nueva Helvecia. Ya supondrás mi alegría cuando lo vi publicado en sus hojas. 

Al año siguiente me pidieron que escribiera otra novela. Así surgió "Y Carlota ¿Dónde está?".

Mucho tiempo atrás, con una amiga habíamos escrito una novela histórica para adolescentes. En el año 2014 la presentamos a la editorial Fin de siglo. En ese momento no tenía título y era muy extensa. En la editorial nos dijeron que la debíamos reducir. Quedó exactamente la mitad del libro y así se publicó "El Corsario" obra en coautoría con Susana Bermúdez. 

En 2017 la editorial me pidió que escribiera un cuento de máximo siete carillas. Tuve cuatro días para hacerlo. El cuento fue "El secreto de Alhucema". Luego me enteré que los otros autores tuvieron más de un mes para elaborarlo, pero a mí no me había llegado el mail y tuve que crearlo muy rápido. El secreto de Alhucema se publicó junto con otros cuentos en el libro "Cuentos de la Montaña Errante". 

Finalmente en el año 2017 me presenté al Premio Nacional de Literatura y obtuve el segundo lugar en la categoría "Infantil y juvenil" con el libro "Las cartas de Víctor" que se publicó en el año 2018.
Si sigues visitando mi página te enterarás de más detalles de estas y otras obras.